Para un perito, el campo de los anónimos es muy delicado puesto que siempre tiene que tener en cuenta muchas variables que se pueden dar.
Para poder averiguar la autoría de un anónimo hay que poseer, en primer lugar la escritura de aquella persona o personas de las que se sospecha, para poder realizar un cotejo, siempre y cuando el anónimo sea manuscrito y a partir de ahí el perito actúa según sus conocimientos y práctica profesionales. En caso de que no lo sea y esté mecanografiado, hecho a ordenador, con recortes…, las otras alternativas implican adoptar técnicas opcionales para cada caso.
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